GRACIAS. DANKE.

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SE ACABÓ. La maldición alemana, la bestia negra, los Oliver Kahnes, las noches de derrota en el Olímpico, los tacos de Juanito, los goles de saque de centro y en el descuento, Pizarro, Elber, Makaay. La ciudad maldita. No hay ciudad maldita.

Antes de nada turno de agradecimientos. Carletto y Pep. Voy.

Al primero GRACIAS por dar con la tecla. Ha conseguido traer de vuelta al Madrí de las grandes ocasiones. Devolver al equipo la tranquilidad (memorable la rueda de prensa previa) y la competitividad en las noches grandes. Que la defensa se volviera inespugnable y que los de arriba se dieran cuenta de lo buenos jugadores (atletas) que eran. A parte de este trazo grueso general dos cosas claves de trazo más fino también provocadas directamente por la ceja: La transformación de Modric en crack mundial en la medular. Lukita es mi debilidad absoluta. Un geño en cuerpo de Sacovilla Bolsón que atacadefiende como un mediocentro costamarfileño. En segundo lugar la milagrosa recuperación de Di Maria para la causa blanca tras el recuento testicular de Pamplona.

Al segundo DANKE por destruir al Bayern. Al clásico. Al histórico.  Al que cuelga balones, al de los tanques arriba, al del empuje en cada corner. al del sudor, la saliva y los ojos desorbitados. El rey en el norte. Ese Bayern caudillo de Europa que nos ha hecho añicos tantas veces transformado en dócil rondo de entrenamiento con olor a perfume. Un ejercicio de posesión extrema y estéril que desespera a los garantes de la tradición alemana. Y con razón. Ojalá una cámara oculta para ver las caras de Beckenbauer y Rumenigge en el Allianz, sudando germanina.

Y es que hay que desterrar definitivamente la teoría que postulaba la posesión de balón como sinónimo de control de juego per se. Son dos cosas absolutamente diferentes. La excepcionalidad del Barça de Guardiola y la selección es que aunaban esos dos conceptos. Pero no era más que eso, una excepcionalidad. El Madrid ha controlado el juego tiránicamente en los dos partidos con un 30 de posesión y tirando a palos 10 veces más que los bávaros. Dato suficientemente revelador como para firmar la defunción de la teoría del monopolio del cuero como condición sine qua non para someter al rival.

Anoche  los alemanes fuimos nosotros. Ramos se apellidó Effenberg. Dos remates como dos soles. Una espina clavada en un penalti al gallinero que quedó extraida e incrustada en el derrape de sus rodillas en el césped germano. Luego, la énesima contra perfecta y una estúpida amarilla a Alonso, el amargo precio que hay que pagar. No se le puede reprochar nada al Tolosarra. Darle las gracias y suplirle con el sudor de todos. No hay lugar para el lamento.

La segunda parte fue una tortura para el Bayern. Toque, toque y toque dirigido desde el banquillo mientras se miraban los unos a los otros con cara de cera.

– Oye Arjen ¿Y si tiramos y colgamos balones?

– Shh calla Thomas, que está mirando..

Para rematar, Cristiano ejecuta el penúltimo zarpazo de la temporada. Sin calificativos:16 goles en 10 partidos. Otro récord pulverizado. Y van..

12 años después acariciamos la orejona. La década ominosa toca a su fin. El Cholo y su parroquia, la última batalla. A ilusión, esta vez, no nos podrán ganar.

 

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