EL ETERNO RETORNO.

deriva

PUBLICADO EL 11 – 4 – 2014

Si buscan algo nuevo, sorprendente y rotundo en lo nuevo de Vetusta, ya se pueden ir por donde han venido. La  Deriva es un compendio de lo que han venido haciendo los  madrileños desde su primer largo de 2008. Un viaje al centro  de la propia banda. Y no por ello es malo, ojo. No soy ni  mucho menos   de los que demoniza a los grupos invariables  que no se reinventan en cada uno de sus nuevos trabajos, eso   se lo dejo a los haters. Digo yo que cuando se consigue algo   que funciona ¿por qué coño se va a cambiar?

Si hay algo que han conseguido Pucho y compañía ha sido crear su propio sello, su exclusividad. Puede que ninguno de sus discos sea redondo, si. Pero su música, su marca inconfundible, ha conseguido ser puntera en el panorama musical ibérico, algo que requiere de un talento especial. Tampoco busquemos letras que entren de primeras. Se necesitan muchas escuchas para encontrar el sentido tras las metáforas aparentemente fáciles e inconexas que se mantienen como monopolio en cada una de sus pistas. Una de las experiencias más fascinantes de su música es descifrar el significado de una canción meses (o años) después de habértela aprendido de memoria mecánicamente. Me ocurrió con Mapas, me ocurrirá de nuevo.

Los dos primeros avances (La Deriva, Golpe Maestro) parecían ponernos ante una manida tesitura de reivindicación y caña frente a la situación socioeconómica actual, algo parecido a lo que hicieron León Benavente y que comenté en una entrada anterior. La fuerza de Golpe Maestro y alguna de sus incendiarias frases “cambiaron paz por deudas, ataron nudos, cuerdas..” “ya pueden correr, ya vuelve la sed” te remueven las entrañas, poniendo de manifiesto su carácter reivindicativo. Sin embargo este amago de giro hacia el “disco protesta” queda en eso, en amago. Y es que el siguiente adelanto, La Deriva “hay esperanza en la Deriva, que el destino no nos tome las medidas” toca la fibra de pasada y levemente. Mucho más light. Lo que está claro es que ambas entran de primeras, constituyendo el típico bucle que no para de sonar en tu cabeza en toda una tarde.

Llegamos a la kafkiana Una mosca en tu pared que nos arrastra a una hipotética metamorfosis. Como Gregor Samsa, ese insecto que se despierta en una habitación cualquiera, observando desde fuera desde su nueva forma “Y justo allí dormías tú, me susurraste que al despertar siguiera ahí para escucharlo todo sin confesarte el modo de ser testigo en tu festín”. Cambia el tercio, tiene matices, pero no termina de coger el vuelo que parece poder llegar a tomar en los primeros compases.

Llegamos al cuerpo del disco y después de la notable Fuego “Pero quien quiere taparse si aún no conoce el frio” sobre este mundo que impone lo innecesario, superficial y el fuego interior que reivindica nuestra voluntad; nos aparecen un cuarteto de temas que constituyen la base central de La Deriva. Grietas y Fiesta Mayor bajan un poco el nivel de lo escuchado hasta ese momento (necesitarán, probablemente, mas escuchas). Algo que no ocurre con ¡Alto! y Pirómanos, dos bombas. De esta última me quedo con el estribillo que se convertirá a buen seguro en himno que dará todo su jugo en los directos “En el mismo renglón, gozo y dolor pueden gritar”.

El tándem Salas de Espera y Cuarteles de Invierno me parece el culmen del disco. La espera, el “Festival de la paciencia” con un arranque angustioso de Pucho rompe en temazo en la primera, mientras que la segunda me parece sencillamente la mejor canción del disco. “Un desorden milimétrico me acerca hasta el lugar, llevo a cabo mi propósito de ser cuchillo y presa a la par”. Giros potentes. Puro Vetusta.

El final es ciertamente desconcertante. Tour de Francia es una metáfora estival extrañisima entre la ronda gala y  unas idílicas, cortas y a la vez anodinas vacaciones veraniegas “En la playa y con honores enterramos los relojes, funeral por el despertador”. La siesta y el Tour. Un clásico. Cierra el disco Una Sonata Fantasma que con un inicio en el subsuelo toma un marcado in crescendo que busca alcanzar el éxtasis de Los días raros, sin conseguirlo.

En resumen, gran disco para los vetusteros que iremos descubriendo miles de matices más a medida que multipliquemos exponencialmente las reproducciones. Los haters, por suerte, no dirán lo mismo.

 

Anuncios