VIVA LA ROJA, CREO.

A principios del XX, William James daba una conferencia Universidad de Stanford. Durante su ponencia titulada “El equivalente moral a la guerra” postulaba que era imprescindible la invención de un sustitutivo pacífico a la guerra. En este, se aunarían todos aquellos valores positivos (valentía, disciplina,..) que se pueden extraer de los conflictos bélicos y que pueden servir para soportar dignamente los sufrimientos que la vida nos depara; potenciándose en una actividad menos nociva y cruel. Años antes, se había inventado el fútbol.

En un Mundial se aúnan todas estas cuestiones. Naciones se congregan en torno a un televisor desgarrándose la voz al compás de canciones patrias y una bandera. Jugadores mano en pecho, dejándose la piel en el césped. A veces sangre, a veces sudor, a veces camillas. Himnos cantados a capela por todo el estadio (impresionante el brasileño en el partido inaugural) te llevan directamente a la trinchera. Hay países que potencian más o menos este sentimiento, y España estaba al margen de esto. Mirábamos a argentinos, brasileños, alemanes con un puntito de admiración/envidia. Que manera de sentir, de atacar, de ganar. Eramos el atleti de los países, con la afición del Getafe.

Pese a todo, la generación golden del tikitaccio, de un tiempo a esta parte, parece que ha logrado ensamblar mediante el triunfo a todos los escépticos de la selección nacional y unirles bajo la bicolor, a pesar de los nacionalismos, del himno lololololo y los disfraces de torero. Pero esto no es así. Creo.

Aquí, el único elemento unificador es la victoria, no el sentimiento de pertenencia y fidelidad a unos colores nacionales. Y es conveniente que vayamos asumiéndolo desde ya, porque España es tradicionalmente un país de clubes, y se ha conformado históricamente como tal porque el combinado nacional era loser, sincarisma y no molaba. Si hemos tenido hasta que copiar aquello de la roja a los chilenos, macho.  Y es que cuando el derrotismo vuelve del pasado, el belicismo sano del fútbol que buscaba James y que venimos cultivando wineo a wineo desde 2008 se convierte en el guerracivilismo cañí de siempre y del que todos somos partícipes.

Ayer contra Holanda se vió todo clarísimo. Los infieles del norte se sirvieron un plato congelado de venganza. Arrollaron a España en la segunda parte y nos endosaron 5 dianas, más que en todo el Mundial anterior. Ayer Holanda nos liquida con 5 nuevos jóvenes random atrás y nosotros con una alineación casi calcada a 2010. Comparaciones odiosas. Se cocía el caldo a fuego lento y legiones de haters salieron de sus cuevas con afilados tuits. Al unísono, toda la casta del perioventajismo deportivo salió al paso: Paco González  dijo alegrarse por todos los detractores de España, que era su noche o nosequé. Otros, que pasara lo que pasara esta selección no se podía criticar. Nunca. Y si criticas eres un traidor a la patria, un paria desagradecido ante la gloria de la generación de oro, un desgraciado miserable,  portugués muriñista. Incluso un ultraderechista (si te metes con Casillas), como dijo Segurola en el documental (?) de TVE del otro día. La batalla estaba servida.

Es en este momento cuando el jater de mi cueva sale y pregunta ¿Es incompatible la admiración y gratitud a un grupo de profesionales que nos han dado todo, con la crítica puntual cuando se produce un descalabro? ¿las rentas producen inviolabilidad, como con El Rey? En mi aportación a la guerra civil de cuñaos sobre el devenir de la roja que se viene, creo que la crítica CONSTRUCTIVA debe legalizarse con esta generación gloriosa. Se tiene que poder criticar al Rey, al Príncipe, al presidente del Gobierno, al de tu comunidad de vecinos y a la roja champion, pese a sus buenas gestiones o hazañas en momentos pretéritos puntuales. No se trata de sacrificar, ni juzgar, ni desterrar a gente. Se trata de valorar, agradecer, homenajear, despedir y construir gloria de nuevo. Punto.

Sin embargo aún no, amics. El periodismo dice que no se puede criticar a determinados dioses del panteón olímpico de la roja. Ese periodismo que cargó contra Camacho, el que crucificó a Luis (dijeron que chocheaba) o el que mató a Del Bosque contra Suiza. Esa mafia desinformativa HOY dice que España es inviolable. Que el estilo es innegociable y que sólo hay una forma de jugar. La otra es “patadón” y sacrilegio en todas sus modalidades. Aunque esto podrá variar, claro. Porque como Chile nos liquide, algunos ya se encargarán de ir afilando el cuchillo.

 

 

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